Monografía de La Tregua, de Mario Benedetti

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“La Tregua”, de Mario Benedetti. 10.06.09

Con el objetivo de ahondar un poco más en la ficticia relación de los protagonistas de esta novela de Mario Benedetti, Martín Santomé y Laura Avellaneda, me propongo analizar situaciones en los que ellos pudieran haber cometido un cierto error, lo cual no podría haber pasado, dada la muerte de Avellaneda.
El desarrollo de la relación entre Martín Santomé, un oficinista de 49 años, y Laura Avellaneda, su compañera, de 24 años, se dio relativamente rápido.
Se conocen en la oficina, cuando ella ingresa al trabajo y se convierte en aprendiz de Martín; a partir de entonces pasan pocos meses, durante los cuales Santomé debate consigo mismo sus sentimientos por Avellaneda, hasta que le confiesa lo que siente y la relación que le gustaría tener con ella.
Sus intenciones no parecen complicadas, aunque que él no las tenga muy en claro; quiere estar bien con una mujer, inteligente y simpática como Laura, mientras ella también esté bien con él, sin imponerse (mutuamente) ninguna cadena, ni compromiso a largo plazo.
Él tiene demasiado en cuenta la diferencia de edad como para relacionarse con ella e imponerle el matrimonio, por lo que intenta darle el alivio de que eso no es lo que tiene en mente; lo cual coincide con lo que Laura le dice luego de sus expectativas con respecto a la relación: tienen un lazo muy fuerte uniéndolos, y el matrimonio no es necesario, no podría unirlos más.
Por lo tanto, el objetivo de este trabajo es demostrar que, de no haberse muerto Avellaneda, hubiera sido un error de parte de Santomé el proponerle matrimonio, lo cual fue justamente lo que tenía en mente en el momento en que ella cae enferma.

Pensamientos de Avellaneda sobre el matrimonio

El 23 de junio fue la primera vez que Avellaneda y Santomé compartieron el departamento.
Sin embargo, a pesar de las expectativas de Martín, no ocurrió nada nuevo para su relación aquella noche; al contrario, Avellaneda le pidió algo que lo desilusionó:

“Laura: ¿Puedo pedirte un primer favor?
Martín: Podés.
L: ¿Dejás que me vaya, así sin otra cosa? Hoy, sólo por hoy. Te prometo que mañana todo irá bien.
(Me sentí desilusionado, imbécil, comprensivo.)
M: Claro que te dejo. No faltaba más.
(Pero faltaba. Cómo no que faltaba.)”
(Domingo 23 de Junio, páginas 130-131)

Esto es, en un principio, una demostración de que Laura se tomaba su tiempo para dar grandes pasos. Perder su virginidad también era algo que requería una gran preparación de su parte, algo que no podía darse a la ligera:

“L: Quizás sea cierto que el ego femenino sea sinónimo de sexo, pero hay que comprender que la mujer identifica el sexo con la conciencia. Allí puede estar la mayor culpa, la mejor felicidad, el problema más arduo.”
(Domingo 30 de Junio, página 137)

El matrimonio sería dar, por supuesto, un paso mucho más grande, pero mucho menos necesario.
Ella considera que el vínculo entre los dos es lo suficientemente fuerte y auténtico como para superar a aquél creado por el matrimonio; incluso dada su firme creencia en Dios, considera que una unión real como la que ellos tienen puede dejar de lado las ilusiones a las que se refirió, en su momento, con la Gruta Azul, y a la vez llevar a la práctica la “teoría de la felicidad” que heredó de su madre:

“L: La teoría de ella, la gran teoría de su vida, la que la mantiene en vigor es que la felicidad, la verdadera felicidad, es un estado mucho menos angélico y hasta bastante menos agradable de lo que uno tiende siempre a soñar. Ella dice que la gente acaba por lo general sintiéndose desgraciada, nada más que por haber creído que la felicidad era una permanente sensación de indefinible bienestar, de gozoso éxtasis, de festival perpetuo. No, dice ella, la felicidad es bastante menos (o quizá bastante más, pero de todos modos otra cosa) y es seguro que muchos de esos presuntos desgraciados son en realidad felices, pero no se dan cuenta, no lo admiten, porque ellos creen que están muy lejos del máximo bienestar. Es algo semejante a lo que pasa con los desilusionados de la Gruta Azul. La que ellos imaginaron es una gruta de hadas, en cambio llegan allí y se encuentran con que todo el milagro consiste en que uno mete las manos en el agua y se las ve levemente azules y luminosas.”
(Domingo 13 de Junio, páginas 129-130)

Esta teoría, por la cual ella siente mucho respeto, se complementa muy bien con su idea respecto al matrimonio, la cual le expresa a Santomé un mes después de perder su virginidad con él, junto con su miedo a sentirse el reemplazo de Isabel ante sus hijos:

“L: […]no estoy segura de que el matrimonio sea nuestra mejor solución. Lo importante es que estemos unidos por algo: ese algo existe, ¿verdad que sí? Ahora bien, ¿no te parece más poderoso, más fuerte, más lindo que lo que nos una sea eso que verdaderamente existe, y no un simple trámite, el discurso ritual de un juez apurado y panzón? Además están tus hijos. Yo no quiero aparecer como queriendo disputar tu vida con la imagen de tu mujer, no quiero que ellos sientan celos en representación de su madre.”
(Domingo 21 de Julio, página 156)

Después de esta declaración, no pasó mucho tiempo antes de que ella falleciera.
Por lo tanto, si bien su relación se desarrolló mucho en poco tiempo, resultaría casi inverosímil que su opinión hubiera cambiado radicalmente, hasta el punto de querer tener una vida matrimonial con Santomé, más allá de su aparente verdadera intención, que era ser feliz a su lado por todo el tiempo posible.

Relativo a por qué hubiera sido un error proponerle matrimonio a Avellaneda.

Al afirmar esto, tengo en cuenta todo el desarrollo que tuvo su relación en relativamente poco tiempo.
Con esto me refiero, para empezar, a los diálogos mediante los cuales se conocieron mutuamente y a sí mismos, y a los momentos compartidos en el departamento:

“Desde el dormitorio, ella me llamó. Se había levantado, así, envuelta en la frazada, y estaba junto a la ventana, mirando llover. Me acerqué, yo también miré cómo llovía, no dijimos nada por un rato. De pronto tuve conciencia de que ese momento, de que esa rebanada de cotidianidad, era el grado máximo de bienestar, era la Dicha. Nunca había sido tan plenamente feliz como en ese momento[…]”
(Sábado 6 de Julio, página 144)

“Ayer de tarde estábamos sentados junto a la mesa. No hacíamos nada, ni siquiera hablábamos. Yo tenía apoyada mi mano sobre un cenicero sin ceniza. Estábamos tristes: eso era lo que estábamos, tristes. Pero era una tristeza dulce, casi una paz. Ella me estaba mirando y de pronto movió los labios para decir dos palabras. Dijo: ‹‹Te quiero››.”
(Lunes 12 de Agosto, página 173)

“Pero viene Avellaneda y hace preguntas, y sobre las preguntas que me hace, yo me hago muchas más, y entonces sí, ahora sí, me siento vivo y sacudido. […] Por eso, no estoy asombrado de que, a medida que Avellaneda se fue enterando de cómo había sido Isabel, yo también me haya ido enterando de cómo había sido yo.”
(Domingo 18 de Agosto, página 178)

Situaciones de este tipo se dieron muchas veces durante su relación, situaciones en que ahondaban en sí mismos y en el otro, en las que se sintieron Felices [o, al menos, Dichosos] por la sola presencia del otro: durmiendo, conversando, haciendo el amor, o simplemente callados, situaciones que estrechaban su unión y la hacían única e irreemplazable.
Y esto concuerda con lo que dice Avellaneda con respecto al matrimonio, ya que considera que estos momentos no serían mejores, no harían más feliz a la pareja, de estar ellos casados.
Y sería, quizás, el efecto contrario de parte de Martín; Laura se había hecho amiga de Blanca, pero esta relación podría haberse arruinado si Avellaneda, de repente, se convirtiera en su madrastra (ya que Blanca estaba a favor del matrimonio, pero solamente por la felicidad de su padre). Esteban y Jaime también se verían dolidos por la decisión de Martín Santomé, lo cual le afectaría, como también a Laura, que no querría tener una mala relación con la familia de su pareja por el hecho de parecer un reemplazo de Isabel.
Por otro lado, también tiene mucho peso el tema de las edades de ambos. Él es un hombre viudo, de 50 años, a punto de jubilarse; mientras que ella es una joven de 24 años que recién está empezando su vida adulta, que por lo tanto tiene un futuro [o lo hubiera tenido, de no haber fallecido] mucho más seguro que el de Santomé. Aparte, cuando ella ya sea una adulta de 35 años, él tendrá 60; y es donde toma peso lo que piensa Martín sobre la relación entre el vigor y la experiencia:

“…la experiencia es buena cuando viene de la mano del vigor; después, cuando el vigor se va, uno pasa a ser una decorosa pieza de museo, cuyo único valor es ser un recuerdo de lo que se fue. Yo estoy ahora en ese poco tiempo. Pero no es una suerte envidiable.”
(Domingo 2 de Junio, página 115)

“Ella se ríe. Yo le pregunto: ‹‹Te das cuenta de lo que significan cincuenta años?››, y ella se ríe. Pero quizá en el fondo se dé cuenta de todo y vaya depositando muy diversas cosas en los platillos de la balanza. Sin embargo, es buena y no me dice nada. No menciona que llegará un instante inevitable en que yo la miraré sin sexo, en que su mano en mi mano no será un choque eléctrico, […]”
(Domingo 15 de Septiembre, página 203)

Estos dos pensamientos, o mejor dicho, cuestionamientos, que se hace Santomé con respecto a cuánto durará la atracción de Avellaneda hacia él, son evidencia de que no debería proponerle matrimonio.
Es una relación en la que una parte tiene un futuro casi asegurado, y la otra no. Por lo tanto, casarse con Avellaneda sería imponerle cadenas que ella no necesita a su edad; si bien ya es capaz de comprometerse con un hombre, quizás todavía es demasiado temprano como para poder decidirse por alguien, en especial en las mencionadas condiciones.
Por último, lo que Martín le dijo el día que se le confesó es, o debería haber sido, de cierta forma, definitivo:

“Mi pretensión, aparte de la muy explicable de sentirme feliz o lo más aproximado a
eso, es tratar de que usted también lo sea. Y eso es lo difícil. Usted tiene todas las condiciones para concurrir a mi felicidad, pero yo tengo muy pocas para concurrir a la suya. Y no crea que me estoy mandando la parte. En otra posición (quiero decir, más bien, en otras edades) lo más correcto sería que yo le ofreciese un noviazgo serio, muy serio, quizá demasiado serio, con una clara perspectiva de casamiento al alcance de la mano. Pero si yo ahora le ofreciese algo semejante, calculo que sería muy egoísta, porque sólo pensaría en mí, y lo que yo más quiero ahora no es pensar en mí sino pensar en usted. Yo no puedo olvidar –y usted tampoco- que dentro de diez años yo tendré sesenta. “Escasamente un viejo”, podrá decir un optimista o un adulón, pero el adverbio importa muy poco. Quiero que quede a salvo mi honestidad al decirle que ni ahora ni dentro de unos meses, podré juntar fuerzas como para hablar de matrimonio. Pero –siempre hay un pero- ¿de qué hablar entonces? Yo sé que, por más que usted entienda esto, es difícil, sin embargo, que admita otro planteo. Porque es evidente que existe otro planteo. En ese otro planteo hay cabida para el amor, pero no la hay en cambio para el matrimonio.”
(Domingo 19 de Mayo, páginas 106-107)

Este diálogo resume todas las futuras consideraciones, salvo la de Laura; pero al combinar estos dos puntos de vista, es cuando se confirma que la mejor decisión que podrían haber tomado, de no morirse Laura, hubiera sido seguir como habían estado hasta ese momento.

Conclusiones
A modo de conclusión, puedo decir que la teoría se confirma.
Creo firmemente que la opinión de Laura con respecto al matrimonio no cambia mucho a lo largo de la relación, y quizás hasta podría haberse afirmado con el tiempo; por lo tanto, si Santomé se lo hubiera propuesto, ella seguramente no se lo hubiera tomado para bien de su parte.
Ella no quiere tener problemas con los seres queridos de Martín, y no quiere que nada se interponga en esos momentos de dicha y comunión que comparten; pero más aún le afectaría sentir que Martín quiere imponerle cadenas, por lo que la idea –y proposición- se hubiera visto frustrada.

Bibliografía

Benedetti, Mario. La Tregua. Buenos Aires, Booklet, 2009.

—o—x—o—x—o—
Esta fue la primer monografía que escribí, hace exactamente un mes, changos ! ^^
La bibliografía es y fue simplemente el libro. No saqué información ni ideas de otro lugar… pero bueno ! >_>
Se agradecen opiniones =P

xLilithx

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Una respuesta to “Monografía de La Tregua, de Mario Benedetti”

  1. Lil'Lo Says:

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